Most Viewed Stories
Most Commented Stories
Save & Share this Article
'Mueren' las princesas
Dice escritora que las mujeres ya no creen en la frase y vivieron felices para siempre
CIUDAD DE MEXICO- 'Y vivieron felices para siempre', es la típica frase final de los cuentos, lo que muchas no saben es que se trata sólo del inicio de una historia donde, en ocasiones, el príncipe azul se convierte en un horrible y baboso sapo.
Idealizar a nuestra pareja y creernos las princesas de un cuento de hadas nos ha conducido a divorcios o relaciones conflictivas, así lo describe en su libro De Princesa a Méndiga, Diana Villanueva, en donde con sarcasmo, la también conocida como Miladi Di, desmitifica las fábulas con las que las niñas han crecido.
Y es que, de acuerdo a la autora, las princesas ya no son felices cuando encuentran a su príncipe azul. "Los hombres destruyeron aquel mito de 'y vivieron felices por siempre...' Ellos cambiaron la consigna por la triste realidad de 'y vivieron jodidas por siempre...'"
Cuando las mujeres sufren mal de amores, dan ganas de terminar con aquel anfibio que las a hecho ver su suerte, pero ellos también están asustados de tener a una mujer alejada de la frágil muñeca de su imaginación.
Entonces, ¿cómo hacemos para llevar una vida en pareja?, ¿de plano tendremos que pasar por alto todos los errores de nuestro macho o resignarnos a vivir solas en un castillo inaccesible para el más valiente? Miladi Di recomienda: "Es un trabajo en pareja, pero también es un gran trabajo personal, de analizar qué quieres tú, porque a veces dices: 'es que no me comprende y no me da lo que quiero', pero no te preguntas, ¿tú sabes qué es lo que quieres? No es válido que le exijas al otro algo que a lo mejor él nunca supo que querías", comenta Diana.
Espera, barájamela más despacio. ¿O sea que tengo que confesarle al clon de Shrek que quiero desarrollarme profesionalmente, pero que me lleve y traiga del trabajo; que necesito salir con mis amigas, pero que ni se le ocurra irse de farra cada ocho días; deseo que baje esa panza chelera y se ponga más bueno que Brad Pitt, pero no me exija ser su Angelina Jolie?, ¿eso me convierte en la princesa Fiona?
"Es clásico de que me caso para que me mantengas, pero no sólo eso, me caso para que me resuelvas mis necesidades y carencias afectivas, pues no, también pobres hombres.
En el fondo, también queremos que nos vengan a salvar y pues tampoco, apenas y pueden salvarse ellos solos", advierte Miladi Di.
Y entonces, ¿no existe el hombre ideal, el tierno, atento, adinerado, ojiazul, apuesto príncipe encantador?
"Creíamos que existían y nunca existieron, lo que siempre ha existido son hombres de carne y hueso como nosotras, mujeres de carne y hueso, con errores, problemas, traumas y también con aciertos y virtudes. El príncipe nunca existió", afirma con tristeza Miladi Di.
No pues, por eso yo como Blanca Nieves, prefiero a siete enanos. Y aunque en este relato las protagonistas somos nosotras, ¿qué piensan ellos?
"Yo creo que están muy sacados de onda, están en ese; '¿para dónde voy', y eso es lo que está haciendo que muchos hombres no se atrevan a iniciar un compromiso, el no estar a la altura de una mujer", opina la escritora.
Los cuentos son sólo eso y nos toca a las mujeres escribir nuestra historia y decidir cómo queremos que termine.
Así lo dijo En el fondo somos princesas, pero diferentes, somos unas princesas como de un juego de video, somos fuertes, independientes, libres y aguerridas" Diana Villanueva, Escritora.
Hace un par de generaciones todavía era el sueño que llegara el príncipe azul que te mantuviera y que formaras tu familia y ya te resolvía la vida, pero la sociedad ha cambiado, los roles de hombres y mujeres, también. Las chavitas de ahora ya no tan fácilmente tiene una relación seria, las chavas ya no quieren casarse" Diana Villanueva, Escritora.
Si tu príncipe se pone como lobo feroz cada que tienen una discusión, la autora de De Princesa a Méndiga te da unos consejos para que el 'dragón' no eche fuego por la boca y tú no andes como Blanca Nieves, hablando con animales.
1. Encontrar el momento adecuado. La verdad es que para ellos casi nunca va a ser el momento más adecuado, pero generalmente las mujeres escogemos el momento menos adecuado, tenemos un don para decir justo aquí es donde no debería yo abrir la boca.
2. Quitarle el misterio y la solemnidad. Busca la manera de no ser tan solemne porque el 'vamos a hablar' los bloquea y parece que les dicen ¡al paredón, directito a la silla eléctrica! Hay que quitarle esa solemnidad, pensar muy bien lo que vas a decir y escribirlo si te ayuda, porque tienes que ser objetiva, a vece las mujeres decimos vamos a hablar y las empiezas con 'es que hace cinco años cuando íbamos a la casa...' Trata de decir cosas muy objetivas, no tienes por qué sacarle el día en que echó a perder tu suéter favorito.
3. Dile cómo te sientes y ayúdalos para que ellos también te digan lo que sienten.
Como ellos no pueden hablar de sus sentimientos, ayúdalo a hablar de sus sentimientos, como si fuera un niño. Un hombre es un pequeño emocional, ellos no están acostumbrados a hablar de sus sentimientos y no pueden, de verdad les cuesta mucho trabajo. Hay que ayudarlos, les puedes decir: Sé que te estabas enojado cuando paso tal cosa, ¿qué sentiste?








