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Ven ajuste de cuentas
La reciente violencia mexicana el resultado de un arreglo fracturado, dicen autoridades
REYNOSA — Al caer la tarde el centro de la ciudad queda sin vida.
Los salones de clase siguen medio llenos durante el día y los negocios alrededor de la plaza principal bajan sus cortinas de fierro con la primer penumbra del ocaso.
Los tiroteos se han aquietado pero los residentes de Reynosa permanecen a un correo electrónico en masa, a una colocación por Internet o a un vídeo en YouTube para entrar en pánico una vez más.
Tres semanas después de que una serie de tiroteos diarios dejaron a docenas de muertos en ciudades mexicanas fronterizas con el Valle del Río Grande, los detalles detrás de la violencia siguen confusos - ofuscados por un desvanecimiento de la información casi total por el gobierno y los medios de comunicación mexicanos.
Sin embargo, lo que es claro, es que un arreglo durante mucho tiempo entre las dos organizaciones dominantes del narcotráfico de la región - Los Zetas y sus anteriores empleadores, el Cártel del Golfo - se han derrumbado, dicen las autoridades en ambos lados de la frontera.
La disputa resultante por el control de los lucrativos corredores del contrabando han convertido a una región que abarca desde Matamoros en el este hasta Nuevo Laredo en el oeste en un campo de batalla.
Pero para los criminólogos estadounidenses y los académicos que han vigilado de cerca la evolución de los dos sindicatos criminales dominantes mexicanos, la verdadera pregunta no es cuando terminará la lucha interna, sino por qué tomó tanto tiempo brotar en primer lugar.
La goma
Las actuales tensiones datan desde hace más de una década hacia el comienzo de los Zetas como grupo criminal.
Buscando protegerse a sí mismos de los líderes de organizaciones rivales, el entonces cabeza del Cártel del Golfo Osiel Cárdenas Guillén comenzó a reclutar a desertores de la Unidad de las Fuerzas Especiales del Ejército mexicano a finales de los años 1990, para que sirvieran como sus guardaespaldas personales y asesinos.
El equipo de ex hombres del ejército, personalmente leales a Cárdenas, dirigieron el ataque en el 2004 al 2007 entre los cárteles del Golfo y Sinaloa por el control del corredor de Nuevo Laredo, uno de los puntos de acceso del contrabando más redituables hacia Texas.
Usando tácticas violentas previamente inescuchadas en la industria de los narcóticos de México, el grupo lanzó granadas impulsadas por un cohete a las calles, asesinó a oficiales de policía y atacó a empleados en el periódico más grande de la ciudad porque estaban descontentos con la cobertura.
Pero una tregua en el 2007 que terminó con lo peor de la violencia dejó a los Zetas sin un propósito claramente definido. Y la extradición de Cárdenas hacia los Estados Unidos ese mismo año dejó al Cártel del Golfo sin un líder claro.
Desde entonces, otros han surgido al mando del grupo, pero ninguno ha podido controlar las dos organizaciones criminales conectadas, dijo un oficial de la Criminología federal estadounidense familiarizado con la estructura de ambos grupos.
“Osiel era visto como un líder extraordinario”, dijo. Después de su extradición “había suficiente liderazgo allí para mantener la organización, pero Osiel era la goma que mantenía todo unido”.
Desde entonces, los Zetas y sus ex jefes han coexistido de una manera insegura.
El Cártel del Golfo continuó con su negocio de controlar las rutas del contrabando abarcando desde Matamoros a Nuevo Laredo, mientras que permitían a los Zetas operar su propia red paralela en las ciudades que coincidían como Reynosa y Miguel Alemán, de acuerdo con una serie de procesos federales entregados en las cortes estadounidenses el año pasado en contra de los líderes principales.
Los cabecillas de ambas organizaciones - Antonio “Tony Tormenta” Cárdenas Guillén, hermano de Osiel, y Jorge Eduardo “El Coss” Costilla Sánchez del Cártel del Golfo y Heriberto “Lazca” Lazcano Lazcano para los Zetas - formaban un suelto triunvirato que decidían asuntos que van desde los pagos que se deben hasta los jefes de plaza hasta el precio que se cobra por las drogas. Colectivamente, las dos organizaciones se referían a sí mismos como “La Compañía,” declaran los procesos.
Pero la sentencia de Osiel Cárdenas el mes pasado en la corte federal en Houston a 25 años en prisión puede haber jugado un papel en la fractura de esa operación, dijo Howard Campbell, un antropólogo de la Universidad de Texas-El Paso que ha estudiado los cárteles de las drogas de México.
El ex capo de las drogas se declaró culpable el 24 de febrero de múltiples cargos de conspiración de las drogas, lavado de dinero y amenazar a agentes federales estadounidenses y se cree que está cooperando con los investigadores federales.
Hasta qué extensión está cooperando sigue estando sellado por la corte. Pero cualquier información que ha proporcionado que pudiera dañar a cualquier grupo muy probablemente de como resultado represalias, dijo Campbell.
“No hay fin de las personas dispuestas a reemplazar a quienquiera que sea capturado o muerto”, dijo. “Parece absolutamente de esperarse que las cabezas rodarán y que si él esta cooperando desencadenará violencia”.
Una situación complicada
Otros minimizan el impacto que la sentencia de Osiel Cárdenas tuvo en la realidad del paisaje de las drogas tamaulipecas.
Definitivamente, era un líder poderoso, dijo Will Glaspy, jefe de la oficina de McAllen de la Administración Antinarcóticos de los Estados Unidos. Pero ha permanecido en custodia federal de los Estados Unidos desde su extradición, y ambos grupos han sobrevivido independientemente sin él.
Desde que fue retirado, los Zetas han extendido sus operaciones a docenas de estados mexicanos y expandido en otras empresas criminales tales como los secuestros por rescate, extorsión y robo de petróleo.
El actual conflicto tiene raíces inmediatas en un desarrollo más reciente, dijo Glaspy.
El 18 de enero, un miembro del Cártel del Golfo presuntamente disparó y mató al principal teniente de los Zetas, Víctor “Concord 3” Peña Mendoza en Reynosa. Cuando el líder Zeta Lazcano exigió que los jefes del Golfo entregarán al tirador, se rehusaron.
“Eso tensó lo que ya era una situación delicada”, dijo Glaspy. “Ha empeorado progresivamente desde allí”.
Los jefes del golfo buscaron el apoyo de rivales durante mucho tiempo, tales como del Cártel de Sinaloa, su ex enemigo en Nuevo Laredo, y organización con base en Michoacán como La Familia para eliminar a los Zetas de una vez por todas, dijeron criminólogos estadounidenses.
Mientras tanto, los Zetas, llamaron refuerzos de a lo largo del país para impulsar su posición a lo largo de la frontera Tamaulipeca.
Con grupos bien armados acumulándose en ambos lados, la violencia se volvió inevitable.
Surge en pánico
Hace tres semanas, esa tensión tronó.
Una serie de correos electrónicos en masa, distribuidos entre los residentes de Reynosa el 17 de febrero, advertían de un día de brutal violencia y desataron pánico al día siguiente.
Los padres sacaron a sus hijos de las escuelas. Los negocios cerraron sus puertas en temerosa anticipación. Conforme avanzaban los días, volaron historias alocadas de helicópteros derribados, cientos de víctimas y tiroteos del ejército alrededor de planteles escolares.
“Sonaba como si el mundo fuera a llegar a su fin en Reynosa”, dijo Glaspy, quien se ha pasado mucho de su tiempo recientemente investigando estas historias. “Pero hasta donde podemos decir, no hay alguna prueba de las peores historias”.
Pero mientras los más disparatados rumores eran desechados totalmente por los funcionarios municipales de Reynosa, algunos reportes probaron tener una base en la realidad. Levantamientos violentos entre presuntos Zetas y miembros sospechosos del Cártel del Golfo se desataron en ciudades a lo largo de la región fronteriza.
Los residentes de comunidades como Camargo - del otro lado de la frontera de Río Grande City - colocaron videos en YouTube con imágenes de vehículos llenos de agujeros de bala y cuerpos tendidos en las calles.
Los gobiernos de Tamaulipas y Reynosa gradualmente comenzaron a liberar información de los incidentes verificados, tales como el ataque del 18 de febrero en Vallehermoso, que se sospecha es un fuerte de los Zetas cerca de Matamoros.
Ataques aislados entre los dos grupos han continuado, pero lo peor parece haber terminado por ahora, dijo el Sheriff del Condado de Hidalgo Lupe Treviño. Los Zetas se cree que se han retirado a Nuevo Laredo, lo cual ha servido como base de operaciones durante años, y la inteligencia de la criminología reciente sugiere que una tregua entre las facciones en guerra podría nuevamente estarse fraguando.
“Las cosas se han relajado, sin embargo, reconocemos el potencial que todavía permanece”, dijo el sheriff. “Todavía tenemos nuestra fuerza reaccionaria en alerta. Tenemos un plan de contingencia, y estamos listos para responder.
Mientras que nadie de quienes fueron contactados para esta historia pudieron decir que su agencia de criminología tenía evidencia sólida que indicara una tregua finalizada, cada persona estuvo de acuerdo que finalmente es en el mejor de los intereses, tanto del Cártel del Golfo como de los Zetas, arreglar sus cuentas sin violencia.
Los tiroteos diarios y conteo cada vez mayor de cuerpos solo puede dar como resultado un mayor escrutinio del gobierno mexicano y presión a sus líneas frontales.
“El único factor de motivación para toda esta cosa es cosechar ese margen de ganancia”, dijo Treviño. “Cuando se comienzan las luchas internas y se comienzan a matar unos a otros y así en adelante, definitivamente estás cortando en eso”.
Qué grupo termine llevándose a casa esa ganancia en las ciudades de las drogas al sur del Valle sigue por verse.








